Quizá
deberíamos comenzar por la prehistoria de nuestro criadero,
no porque no hubiera escritura sino porque no había
perro. Quizá nuestro afijo debería ser "NO,
NO" debido a la tenaz negativa de Ana durante 8 años
de tener un boxer.
Pedidos, súplicas, en cada cumpleaños, u ocasión
especial, no la conmovían. Mi perra baya no se hacía
realidad.
Hasta que un día me sorprendió con la "GRAN
NOTICIA", compraríamos un boxer, pero
la
hembra baya, fue un macho atigrado (ZEUS),
que después de 8 años, tomó sólo
8 horas para transformarse en el perro de Ana. A partir de
ahí, año 1991, sólo fueron alegrías,
una tras otra que le hicieron lamentar no haber cedido 8 años
antes, tanto la marcó, que es tan apasionada como yo
e incluso es jueza de la raza.
El año 1994 marca la llegada de mi ansiada perra (ANUSH),
con la cual comenzamos a criar. Las alegrías y satisfacciones
se multiplicaron y lo siguen haciendo hasta hoy día.
No me refiero a alegrías por los triunfos, que si bien
son enormemente satisfactorios, pero muy efímeros,
sino por todo lo que a lo largo de estos años nos han
dado nuestros perros, con su amor inconmensurable y desinteresado.
Ellos aman y dan sin condiciones, comparten tus alegrías
y tristezas con tanta devoción, que más que
integrantes de la familia, son amigos, porque uno a los amigos
los elige, y como dice la canción, cuando un amigo
se va deja un espacio vacío. Cuando nos dejan físicamente
quedan en nuestra memoria y cuando pensamos en ellos nos retrotraen
a los mejores momentos de nuestras vidas.
Sólo el que tiene un boxer sabe de lo que hablo, y
el que no lo tiene, que no espere 8 años, pues no sabe
lo que está perdiendo.